Sin premeditación, estrené el 2026 degustando un excelente single malt. Como no soy de cotillones ni fiestas excesivas o multitudinarias, aceptamos reunirnos en casa de unos amigos para tomar una copa pasado el tiempo de las uvas y los fuegos artificiales. Habíamos cenado en familia (no completa, pero rozando la treintena de miembros) y hacia la una de la mañana llamamos a la puerta de nuestros anfitriones. Yo llevaba uno de mis mejores trajes. Uno de invierno que abriga, es cómodo y muestra un corte que le permite superar años y modas con elegancia. Mi pareja, como siempre, elegante sin estridencias. En un magnífico salón de un chalet de ribera de playa, estuvimos disfrutando de la charla y el champagne (porque lo era), hasta que la música del recuerdo de épocas pasadas se hizo con el protagonismo de la velada. Nuestro anfitrión (el marido), como radical apasionado de la música que es, dispone de un equipo reproductor excepcional, de cuya marca y precio no quiero acordarme y ante el que hay que reconocer que suena de maravilla. Una maravilla auténtica, emocionante y nítidamente diferente a la de cualquier otro buen equipo convencional. Aunque ninguno de los componentes de la pareja (ni ella ni él) beben whisky, allí ofrecían, como siempre hacen, uno de buena calidad, del que en pocas líneas daré cuenta. Con el whisky vertido sobre un vaso de cristal tallado, me acomodé en una comodísima chaise longue de diseño Mies van der Rohe, y pasé un memorable inicio de año integrando varios placeres: un lujo asiático.
El whisky en cuestión era un Nikka, pero me parece importante precisar cuál. Ya bastantes años antes, en 2009, en una de nuestras degustaciones anuales, habíamos probado uno: el Nikka Yoichi Single Malt de 12 años. Y recuerdo que no destacó entre los asistentes. Ni para bien, ni para mal. No aportó gran cosa, al menos en comparación con lo degustado en aquella ocasión. De hecho, nuestros escasos intentos con whiskies nipones, hasta la fecha, no han alcanzado valoraciones destacables. Actualmente, el Yoichi Single Malt se comercializa sin edad con 45% de alcohol. Nikka lo elabora en su destilería más antigua, que data de 1934. Fue fundada por Masataka Taketsuru en Yoichi (Hokkaido) al encontrar que el emplazamiento reunía unas condiciones ambientales similares a las de Escocia. Más concretamente a las de las Highlands.
La versión actual de Yoichi sin edad fue lanzada en 2016 como ejemplar que captura el verdadero estilo de la destilería a base de mezclar añadas diferentes del mismo whisky, buscando dar cierta continuidad al resultado. Lo declaran equilibrado en aromas de turba, ahumados y afrutados.
Pero no fue ese el Nikka que pudimos disfrutar la madrugada del uno de enero. El placer asiático al que me refiero es el Nikka Miyagikyo Single Malt, elaborado en la destilería de Miyagikyo, fundada también por Masataka Taketsuru, en 1969, pero en un valle de la prefectura de Miyagi, con la intención de disponer de dos destilerías que le ofrecieran un verdadero contraste gracias a entornos y métodos de elaboración diferentes. Al parecer lo logró, y el Miyagikyo está considerado como mucho más acorde con el territorio de las Lowlands. También con 45% de graduación alcohólica y sin edad declarada, se le describe como elegante y afrutado. De lo primero doy fe. Producido a partir de cebada malteada con y sin turba, se destila en alambiques calentados con vapor indirecto, y muestra una afrutada y delicada sensación em boca, cuestión esta que también ratifico. La versión actual también se instauró en 2016, e igualmente mezclando añadas en la búsqueda de una producción de acabado estable. Se madura en barricas de sherry. A nosotros nos encantó, y nos pareció una excelente versión de whisky de malta suave, equilibrado y más que agradable.
De cada uno de ellos se comercializan un par de versiones más, ahumadas o con otro acabado, las cuales, en el caso del Miyagikyo, ascienden notablemente su precio, pero no las he probado.
Tan placentera sensación me provocó la combinación de butaca, música y whisky, que me decidí a redactar este escrito y para ello, de paso, indagar algo con respecto al origen del whisky Nikka. Cuando los japoneses se ponen a hacer algo con esmero ¡se ponen! Y en este caso hasta la página web de su marca de whisky da muestras de una generosa labor recopilatoria. Vayamos por partes.
Masataka Taketsuru nació en 1894 en Takehara siendo el tercer hijo de una familia de productores de sake. Creció con la bodega como patio de juegos, y aprendiendo las claves de la elaboración del sake desde muy joven. Practicó judo durante su etapa escolar y estudió fermentación de alcohol en la entonces Escuela Técnica de Osaka. Su mayor interés por los licores occidentales que por el sake le animó a unirse a Settsu Shuzo en 1916, antes de graduarse. En 1918, Settsu Shuzo inició la producción casera de whisky y, ante su creciente éxito, la compañía decidió enviar a Masataka a Escocia.

Masataka Taketsuru en el centro de la fila inferior posando con su familia. (Imagen: nikka.com).
En 1918 nuestro protagonista se matriculó en clases de química en la Universidad de Glasgow y en el entonces Royal Technical College, mientras estudiaba la elaboración de whisky mediante libros. En 1919 decidió viajar al Speyside en busca de alguna destilería en la que aprender de un modo más práctico. Le abrieron las puertas en la destilería Longmorn. Un año más tarde aprendió también sobre la producción de whisky de grano (mediante el empleo de coffey still) en la destilería Bo’ness (actualmente desaparecida), cerca de Edimburgo.
Mientras que durante su etapa en Longmorn le permitieron y facilitaron todo el aprendizaje posible así como el registro de anotaciones, medidas, datos e imágenes, en Bo’ness se mostraron mucho más celosos, no dejándole tomar apuntes durante sus desempeños. Él lo hacía utilizando trocitos de papel y un lápiz muy pequeño, recomponiendo la información de cada día en su diario al irse a su habitación. De ambas experiencias surgieron las legendarias Taketsuru notes (los Diarios de Taketsuru), un par de cuadernos titulados Training Report, en los que registraba al detalle y de forma meticulosa todo lo aprendido y experimentado, enriquecido con anotaciones de su propia cosecha. En ellos se incluían técnicas de destilación, principios y estructura de los alambiques, ilustraciones y fotografías de los equipos, trato de los empleados, condiciones laborales, información sobre los impuestos… todo lo que aprendía en Escocia.
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| Los preciados Diarios de Taketsuru. (Imagen: nikka.com). |
Más allá de su maestría en whisky, Masataka encontró en Escocia el que sería su mejor hallazgo: su mujer para toda la vida. En el verano de 1919, una compañera de la universidad le pidió que diera clases de judo a su hermano menor. Así conoció a Rita (Jessie Roberta Cowan) la hija mayor de la familia. Pronto congeniaron, gracias, entre otras cosas, a sus mutuos intereses por la literatura y la música (ella tocaba muy bien el piano). De regreso de un viaje por viñedos franceses, él le trajo a ella un perfume como regalo. Rita le correspondió con una colección de poemas de Robert Burns.
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| Rita. (Imagen: nikka.com). |
Se casaron en 1920 a pesar de la oposición de sus respectivas familias. Iniciaron su vida matrimonial en Campbeltown, donde él continuó especializándose, incluyendo en ello el arte de las mezclas (blending) en la destilería Hazelburn. Fue precisamente tras su estancia de medio año allí cuando sus diarios quedaron completados. Aquel mismo año Masataka regresó a Japón, ahora en pareja, precisamente por empeño de ella, que desde entonces se volcó en vivenciar, aprender, involucrarse y sumergirse en la cultura nipona, consiguiéndolo en profundidad.
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| Mastaka y Rita. (Imagen: nikka.com). |
No vamos a entrar aquí a narrar los entresijos de la carrera profesional de Taketsuru en Japón, sus primeros pasos como empleado y asociado, el logro de su autonomía empresarial, la sucesión de las fundaciones de sus destilerías ni el importante papel asumido por Rita en todo ese largo y fructífero proceso. Al igual que lo aquí trasladado, la página web de Nikka lo describe con bastante detalle, pero son contenidos que se me antojan menos románticos que los aquí expuestos. Así pues, me limitaré a resumir algo de información sobre cierto aspecto de la marca que tiene que ver con el estilo.
La primera botella de whisky Nikka lució un diseño de cristal tallado con líneas irregulares repleto de detalles en la etiqueta, vitolas y envoltorio de cartón. Su emblema de marca, todavía en uso, se asemeja a un escudo de armas británico. Incorpora perros guardianes (komainu) a ambos lados, un kabuto (casco samurái) como símbolo del espíritu marcial, y un fondo de damero enmarcando el texto NIKKA, para representar armonía cultural (la de su whisky, la de sus culturas y la de su matrimonio). Concebido por el propio Mastaka, este emblema fusiona la estética occidental con el espíritu nipón.
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| El emblema de Nikka. (Imagen: nikka.com). |
Fallecidos ambos cónyuges (primero ella, hecho que provocó una enorme consternación en su marido), la familia tuvo buen relevo en la figura de su hijo adoptivo (desde 1943) Takeshi Taketsuru (1924–2014), quién vivió junto a su padre la mayoría de grandes pasos acometidos por la empresa (entre otros, el proyecto y fundación de la destilería Miyagikyo). Por lo que parece, cumpliendo con el tópico que los europeos sostenemos con respecto a los japoneses, la firma parece continuar fiel a los valores de tradición, elaboración cuidada, procesos delicados y estética vital que Nikka ha ido mostrando a lo largo de su historia, para que, de vez en cuando, y sin que sirva de hábito cotidiano, aunque sí eventualmente recurrente, algunos, de vez en cuando, nos permitamos un lujo asiático.
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| Retrato del matrimonio coloreado, técnica que estuvo de moda cuando la fotografía en color no había irrumpido en el mercado. (Imagen: nikka.com). |
Para aquellos lectores especialmente viajeros, añadir que la destilería Miyagikyo está localizada en un denso y verde valle al oeste de Sendai, en un área conocida como la ciudad de los árboles (Mori no Miyako). Dos arroyos cristalinos, el río Hirose y el río Nikkawa, habitualmente envueltos en la niebla, rodean el enclave de la destilería. El agua que utilizan para la elaboración proviene del Nikkawa, que fluye desde la cordillera Zao y se caracteriza por presentar una de las durezas más bajas de entre las destilerías japonesas. Como fondo paisajístico, el Mount Kamakurayama domina las instalaciones compuestas por edificios de ladrillos rojos cara vista.





