sábado, 7 de enero de 2023

COMPASS BOX

La de Compass Box es una andadura muy reciente si utilizamos la historia de la elaboración de whisky como marco temporal de referencia. Es una empresa del siglo XXI, pues empezó en el año 2000. Se autodenominan “hacedores de whisky”, cualificación que, sin alcanzar el grado de destiladores, suena más pretenciosa que blenders. Más que una cuestión de orgullo, el considerarse a sí mismos algo más allá de mezcladores tiene su sentido y su explicación. Además de buscar, seleccionar y adquirir partidas concretas de muy diferentes tipos de whisky, elaborados por diversas destilerías, ensayan y estudian recetas propias de mezcla, llevando buena cuenta de las proporciones. Hasta ahí, haciéndolo muy bien o muy mal, con mayor o menor responsabilidad y criterio, no serían más que otro blender más. Sin embargo, en Compass Box se empeñan en otro proceso paralelo aplicado a la madera. Buscan, seleccionan, etc. Maderas para fabricar sus propias barricas. Maderas nuevas y maderas previamente utilizadas. Incluso compran barricas concretas dentro de cada bodega. Después fabrican las suyas propias, dándoles formas por ellos diseñadas, diferenciándolas y, en la medida que la reglamentación de la producción del whisky escocés les permite, combinando diferentes maderas.

Di con Compass Box en 2011. En realidad, no. Con lo que di fue con uno de sus whiskys: The Peat Monster. Con los años, tal es la acumulación de whiskys diferentes que vamos probando en nuestras degustaciones, que a veces parece difícil encontrar otros nuevos. Ahora ya sé que no es así, que siempre quedará margen. En eso, Internet nos facilita mucho las cosas. Pero entonces no resultaba tan asequible dar con tantos productos distintos. Así que me topé con aquel “vatted malt” ahumado y lo probamos. Nos gustó y cumplió con su cometido. De hecho, apenas le prestamos atención a su origen de marca, a Compass Box. Once años después, indagando de nuevo en busca de ejemplares diferentes, di con varios que tenían algo en común: su marca elaboradora. Al ser varios, sí que presté atención a la referencia de Compass Box, y fue cuando indagué realmente sobre su quehacer y funcionamiento. De ahí que este artículo llegue ahora.

Merece la pena una visita virtual atenta y detenida a su “sede”. Es cuando el consumidor puede percatarse de qué es lo que buscan, intentan y proponen, lo cual, a mi juicio, parece muy interesante. Rebuscando por entre sus apartados uno puede acabar encontrando su “ideario”, que pretendo repasar aquí:

“Mezclar es una plataforma para la creatividad”. Es algo con lo que estoy de acuerdo. Si bien siempre prefiero los whiskys single malt, he dado con excelentes ejemplos de vatted malt, es decir, de whiskys mezclados a base de maltas. Teniendo en cuenta ese hecho, las posibilidades de creación y elaboración de un mayor número de whiskys diferentes se multiplica, se hace prácticamente infinita, ofreciendo a los aficionados nuevos campos de búsqueda y disfrute. Ese es, precisamente, el terreno de juego de Compass Box. Su razón de ser.

“Reglas de buen roble”. Tal y como hemos visto antes, más allá de las mezclas, en Compass Box le dan mucha importancia a la madera. Crean también en la fabricación de sus propias barricas, pues consideran que la madera es lo que mayor proporción de carácter y resultado da de entre todo el proceso de elaboración de un whisky. Por eso, una vez realizadas las mezclas, ellos recurren a una nueva maduración en barrica durante periodos que van de entre los 6 meses hasta los 3 años, dependiendo de los casos.

“Buenos whiskys no necesitan declaraciones de edad”. Este es, probablemente, el único de sus principios con el que no estoy de acuerdo. Nuestra experiencia en el Clan Pagüenzo nos ha demostrado que la edad de maduración importa. Que los excesos de edad casi nunca son buenos (en esto estamos pues de acuerdo con el principio aquí declarado), pero que lo contrario, que los whiskys maduren poco, nunca resulta bien. Aunque hay algunos whiskys que con 8 años no están mal y varios de 10 años buenos, una franja aproximada entre los 12 y 18 años es lo que más garantías nos da teniendo en cuenta lo que hemos ido probando. Ya en su día criticamos en estas páginas la tendencia reciente que hay entre bastantes productores, de comercializar nuevas versiones de sus licores con nombres apetecibles y creativos, pero sin declarar la edad. Nuestra sospecha es que pretenden embotellar antes para acelerar la productividad, probablemente presionados por las entidades y grupos de accionistas. Sobre todo, teniendo en cuenta que numerosas destilerías pertenecen ya a grupos de inversión. Eso, además de ser un atentado contra la tradición de la elaboración, afecta muchas veces al producto. Enseguida veremos que uno de los puntos fuertes de Compass Box (conflictivo, pero ante el que me quito el sombrero) es su lucha en favor de la transparencia en la elaboración.

“El whisky debería ser embotellado sin filtrado en frío y con su color natural”. Totalmente de acuerdo. No hay que beber con los ojos, y cuando miramos al whisky, mejor ver la realidad, aunque esta esté desprestigiada últimamente, que el artificio.

“Bebe buen whisky del modo en que te guste. Sin reglas”. Claro, faltaría más. Y lo dice quien lidera a un grupo de puristas que lleva casi treinta años degustando whiskys sin hielo y sin agua, aunque un día, quizás, escriba sobre bombones de licor o un cóctel “clandestino”.

Vamos ahora con ese aplazado asunto de la transparencia. Trasparencia, sostenibilidad, igualdad, etc. Son conceptos que van haciéndose fuertes en la sociedad, obedeciendo a necesidades reales, quimeras, anhelos razonables o no, modas, etc. Normalmente surgen por la necesidad de resolver o paliar los efectos de algún problema generado por el ser humano, pero, van evolucionando en función de intereses partidistas y económicos, manipulaciones ideológicas, manías colectivas, etc. Con la transparencia ocurre eso. Empacha en sus formas, declaraciones y burocracia, pero poco resuelve del oscurantismo de la gestión, gobierno real, acceso a datos prácticos, etc. De muchas entidades que se ajustan a normativas de transparencia. Por poner un ejemplo, los medios de comunicación, adalides de la libertad de prensa y del derecho a la información, se comportan de modo nada transparente a la hora de mostrar las motivaciones de sus contrataciones y ceses, aclarar sus “agendas” de selección de noticias y contenidos, reconocer qué y a quiénes defienden, cómo se financian, etc. Una transparencia real, en mi opinión, ha de partir siempre de una buena educación. En el caso que nos ocupa, de una buena formación de los consumidores, ayudándoles a conocer más sobre los productos, su elaboración, etc. No una información publicitaria y propagandística, sino enseñanza no interesada. Evidentemente, en un entorno comercial, esto se convierte en una utopía. Únicamente encontraremos transparencia educativa en aquellos productores que están muy seguros de que hacen lo que pretenden enseñar. No nos formarán en aquello que no hacen. Así que gran parte de la información aportada son camelos. Ya lo hemos visto con respecto a la edad del whisky: el que cumple lo declara, quienes no lo hacen, es muy posible que se queden cortos en maduración.

Sin embargo, y esto es para mí uno de los puntos más fuertes de Compass Box, llevan años luchando por implantar transparencia a la hora de informar qué whiskys incorporan a sus mezclas. Tal modo de actuar está acarreándoles algunos problemas con respecto a las normativas reguladoras del whisky, que prohíben grados de transparencia muy pormenorizados, pero ellos, entiendo que, con toda coherencia, defienden que el consumidor tiene derecho a saber, con cierta precisión, por qué está pagando y qué está bebiendo. Algunos productores de whisky de malta se están poniendo del lado de Compass Box en este aspecto, pero todavía encuentran mucha resistencia en el sector, tanto por parte de destilerías de malta como de blended. Esta actitud de Compass Box se podría quedar en mera palabrería (como tantas veces ocurre con muchos de los temas de actualidad, y frecuentemente con la transparencia) si no fuera porque la demuestran con hechos. Publican unas fichas de sus whiskys en las que, entre otra información, aparecen unos gráficos con las composiciones porcentuales de sus mezclas. En ellos especifican los porcentajes de whiskys empleados y, si están autorizados a ello, sus destilerías de procedencia. Además (si es que no estoy malinterpretando los gráficos) nos avisan de la edad de cada uno de los “ingredientes”, por medio del número de “capas” de su correspondiente sector. Así pues, nos dan muchísima información, algo que es muy de agradecer y lo dicho: muy formativo.

Dependiendo del whisky concreto, la precisión nominal de lo mezclado es mayor o menor, supongo que en función de los permisos adquiridos para declarar tal o cual procedencia. Pero en todo caso, ya nos va diciendo mucho, y, para quienes hayan probado muchos whiskys con anterioridad, aporta buenas pistas sobre el porqué ese whisky sabe así. Nos ha pasado a nosotros con el ahumado The Peat Monster, sin ir más lejos. Y cuando pasa eso, significa que el cliente está aprendiendo y, por lo tanto, formándose y siendo verdaderamente educado en el consumo. Como he anticipado más arriba, la transparencia completa vendría con la identificación total de todos los ingredientes empleados (lo que creo que no les permiten siempre) y, de paso, con la edad de cada uno de ellos o, al menos, la edad mínima utilizada, esto es, la del más joven de los mezclados, algo que me parece entender que sí están aportando. Así pues, los gráficos de Compass Box, son, de largo, el mayor despliegue informativo (de interés) que hemos encontrado hasta el momento, en casi treinta años de afición degustadora. Nuestra enhorabuena y agradecimiento.

Y del resultado ¿qué? Pues únicamente podemos hablar de dos de sus productos (uno de ellos por partida doble). Ambos son Vatted Malt (hoy en día Blended Malt), es decir, mezcla de whiskys de malta al 100%.  The Spice Tree, es un whisky interesante. Tiene bastante complejidad de sabores y un poderío de nivel intermedio. Su composición en edad es de whiskys de 12 años, a excepción de un 9,3% que se queda en 11 años. Así que una edad muy clásica para orígenes igualmente clásicos (Balmenach, Glen Moray y Tomatin). Tiene un color muy vistoso. Bastante brillante y de gama media de oscuridad, tirando más a denso que a pálido. Entre oro, ámbar u oro viejo, según alguna carta de colores con la que lo he comparado. En cuanto a aromas, me resultó difícil de definir. No despliega en esa faceta un gran derroche de sensaciones, se mantiene más bien parco o algo tímido. Lo contrario que en el paladar, donde se muestra atrevido. Es rico. Tiene atisbos de dulzura y, simultáneamente, un amargor que le sigue a la zaga sin descanso intermedio. Un poco más agresivo de lo que me suele gustar para un whisky de sus características, en los que valoro la riqueza de matices y disfruto más cuando su potencia “alcohólica” no se da prisa por taparla.

Composición de The Spice Tree

En cuanto al The Peat Monster, lo conocimos en 2011 en una versión anterior. Entonces nos pareció un whisky más ahumado que fuerte (que también lo era). Habían conseguido un penetrante aroma ahumado que adelantaba lo que luego sería su sabor. Entonces se componía de tres whiskys de Islay: Ardmore, otro de la costa sur y otro de Port Askaig, mezclados con otro más del Spey (esos datos conservamos en nuestro archivo). Su versión actual ha cambiado bastante. Es “Islay” al 99% y sigue siendo muy ahumado, aunque virando claramente hacia un acabado más “marítimo” o incluso “medicinal”, un resultado “recio” que probablemente interese especialmente al “Club de fans” de ese tipo de whiskys de Islay. Y es que tal resultado parece tener mucho que ver con la composición, con una mayoritaria presencia de diferentes Caol Ila, complementados por un significativo de porcentaje de Laphroaig. Ambos son productores de los que he disfrutado en bastantes ocasiones, pero no mis opciones preferidas dentro de Islay. Soy más de “madera ahumada” que de reminiscencias “marítimas, yodadas, etc.”, pero esto no es más que cuestión de gustos. Probado el The Peat Monster y conocida su composición… ¡me cuadra! ¿Hubiera mejorado con mayor edad participativa en la mezcla? No lo sé, pero pudiera ser que sí. Lo ignoro porque, en esto del whisky, no es nada fácil acertar con las predicciones, pero tengo la impresión de que sí, aunque claro, también hubiera ascendido, seguramente, su precio. Interpreto que en su composición se da un 36% de whisky menor de 10 años, además de un 46 % de 10 años. Eso nos deja únicamente un 4% que supera los 10 años. Es poco, es arriesgado. Y más teniendo en cuenta que parte de ejemplares muy potentes y, si se me permite el calificativo, “agresivos”. No recuerdo el color de la versión anterior, la actual, desde luego, es muy pálida. Algo muy habitual en algunos potentes maltas de Islay. Se agradece en esto la política de la casa de no filtrar ni “colorear”. Mi impresión con este whisky es que resulta muy ahumando en su presentación y en su despedida. Es agradablemente ahumado al olerlo y deja un persistente rumor de paladar y recuerdo gustativo, también claramente ahumado, minutos después de haberlo bebido. Ambas son propiedades muy destacables y logradas. Sin embargo, su disfrute intermedio, siempre bajo mi gusto, no está a la misma altura. En el gusto y sabor no resulta tan ahumado. Sobresalen sabores muy amargos que se alejan de la madera y nos acercan a sustancias más de “botica” o de “marea baja”. Desde mi punto de vista, es un whisky para beber en una única dosis, que además sea corta. Quizás sí que se comporta bien cómo base para cócteles creativos con personalidad, algo a lo que en Compass Box son muy proclives. Seguro que aportan gran personalidad a tales intentos. Pero no soy dado a beber el whisky de ese modo. Tampoco lo he probado con agua o con hielo, porque tampoco es mi estilo.

Composición de The Peat Monster

Compass Box ofrece muchos más whiskys. Bastantes de oferta habitual y unos cuantos de “colección” o “archivo” a costa de producciones eventuales, algo que puede persuadir a los coleccionistas. En lo que al Clan Pagüenzo interesa, actualmente hay cuatro maltas al 100%. Nos faltan de degustar dos, todo se andará, comprobados los dos anteriores, es probable que nos animemos a por los restantes.

 

viernes, 2 de diciembre de 2022

LAPHROAIG "PX"

O lo amas o lo odias. Los licores elaborados en esta destilería presentan carácter de Islay sin contemplaciones. La isla es un territorio en el que se concentra una importante densidad de destilerías entre las que se encuentran aquellas que producen algunos de los maltas más ahumados de toda Escocia. Por si acaso, si alguno de ellos es menos ahumado, no debe el consumidor confiarse, porque su agresividad surgirá mediante algún otro tipo de atributo. Y en los pocos casos en los que el whisky en cuestión no sea tan fuerte, seguramente sea porque atesore otros motivos más sutiles que le harán igualmente deseable.

Sobre Laphroaig, en el Clan Pagüenzo celebramos una degustación monográfica en 1999 en Santiurde de Reinosa, muy cerca del collado Pagüenzo, en plena cuenca del río Besaya. Entonces dimos cuenta de dos acabados diferentes y pudimos compararlos con su “vecino” más ilustre en la isla: el Lagavulin 16 años. Los representantes de Laphroaig fueron su estándar de 10 años 43%, y otro 10 años Original Cask Strengh 57,3%. Del primero comentamos que nos pareció «muy fuerte, de los más invernales que existen, iodado, etc. Para fans de la destilería». En cuanto al segundo «Más de lo mismo, pero más alcoholizado aunque, sorprendentemente, no se nota tanto al probarlo como pudiera esperarse de las cifras y tras haber probado el otro. (57'3 %)». Pero de aquello han pasado ya más de dos décadas, por lo que no vamos a recrearnos en ello. En esta ocasión traigo a colación el resultado de una “recata” personal de un ejemplar de Laphroaig algo especial. La llevé a cabo en Pesquera, otro modesto pueblo también próximo al collado de Pagüenzo.

Antes de hablar de esta versión diferente, he de señalar que, durante muchos años, el Laphroaig “convencional” ha sido el whisky favorito de uno de los miembros históricos del Clan Pagüenzo. A ambos, a nuestro amigo y al Laphroaig, les gusta mostrarse como divergentes contestatarios. No es mi estilo, pero a ambos y a sus caracteres… los disfruto. Recuerdo que al finalizar el siglo XX, el mencionado compañero y yo nos ilusionamos con habernos hecho propietarios de un pie cuadrado de territorio fangoso cada uno, al que se suponía que nos había dado derecho la adquisición de sendas botellas. Sin embargo, pese a haber rellenado la correspondiente tarjeta incorporada a cada botella, y haberla enviado a la destilería, nunca llegamos a recibir los títulos de propiedad. Quizás se referían a un valor simbólico. Tal vez fuimos expropiados tiempo después con la disculpa del Brexit. No lo sé, pero hubiera sido divertido visitar la propiedad. Calzarse unas buenas katiuskas de tiro alto y hacer acto de presencia sobre el terreno.

“Estos terrenos son propiedad de la destilería Laphroaig, reservados para los Amigos de Laphroaig, quienes tienen un arrendamiento de por vida de una parcela sin registrar que está anotada en la destilería. Los Amigos tienen derecho a una renta anual por el terreno, de un trago de Laphroaig. […]”. (Traducción propia). (Imagen: laphroaig).

El “acabado” al que pretendo hacer referencia aquí es el PX Cask, triple Matured. La tercera  de las tres aludidas maduraciones se lleva a cabo en barricas que hayan contenido Sherry Pedro Ximénez. Es un tipo de acabado muy aplicado y prestigioso para varios de los principales productores de whisky de malta escocés. En cuanto a los periodos de maduración previos, en este caso siguen la siguiente secuencia: la primera se lleva a cabo en barricas previamente utilizadas para bourbon (otro recurso muy habitual); en cuanto a la segunda, lo que cambia es la estrategia de almacenamiento. Se emplean “quarter casks”, que son barriles más pequeños, buscando generar mayor contacto del licor con la madera. En total, el whisky madura durante 10 años. Aunque soy propenso a defender maduraciones entre los 12 y los 16 años (que es donde, generalmente, he ido encontrando los whiskys que más me han ido gustando), reconozco que no hay que ser fundamentalista en tal criterio, pues ocasionalmente se encuentran productos excelentes ligeramente más jóvenes o maduros. De hecho, en Laphroaig, que es un clásico indiscutible en el mundo del whisky de malta escocés, lo de los 10 años ya hemos visto que es una costumbre arraigada.

Vamos pues a referirnos a la impresión que me causó este whisky en concreto. Su color me resultó difícil de precisar al encontrarme entonces en unas condiciones de luces cálidas, pero poco intensas. Chimenea y bombillas tenues en una salita, toda ella forrada con planchas de madera. Me pareció plenamente intermedio en la escala cromática habitual de las tonalidades del whisky.

Respecto al aroma, mucho más fácil. No se esconde, tiene olor. Medicinal, del contenido escondido de algún viejo frasquito de botica abandonada. Pero muy agradable y con sutiles sugerencias a algo tipo loción vetusta. Evocador. Nostálgico de lociones o friegas corporales.

Ya en el trago, muestra un sabor de gran riqueza y enorme complejidad. Muy cambiante en función del juego en la boca. Muy, muy estimulante de las papilas gustativas. Proporciona un amargor potentísimo, pero respetando un dulzor muy agradable. Por eso, tirando de algunos de esos modelos de calificación que los expertos diseñan en forma de cuadrantes de dos o cuatro dimensiones (depende del punto de vista del usuario), personalmente lo calificaría como “rico al máximo” dentro del binomio ligero-rico; y de ahumado (aunque no demasiado) ajustando el criterio delicado-ahumado.

Como añadido, este whisky aporta un fantástico final. Cálido, pero no agresivo. A modo de buena compañía de velada. Una que no te abandona. De las que se quedan ahí agazapadas, reconfortante hasta que te duermas. En resumen, se trata de un whisky fantástico, diferente a cualquier otro. «Single Malt Laphroaig madurado mediante un proceso triple en barricas (bourbon, roble americano y de Pedro Ximenez). Color bastante más tostado y oscuro que lo habitual del Laphroaig. Resultado: un Laphroaig quizás levemente suavizado y con matices algo más complejos y menos "medicinales"». (Anotación personal del día que lo degusté con atención).

Mi botella, concretamente, era de 1 litro (procedencia aeroportuaria). (Imagen: clanpaguenzo).

Aquella noche, estando a solas en la casita de montaña y bosques, habiendo cenado y habiendo pasado algunos buenos ratos leyendo, decidí explorar los matices de este whisky con atención. Una vez tomadas las escuetas notas necesarias al respecto, me dispuse a disfrutarlo sin presiones. Removí los últimos leños de la chimenea y bebí los últimos sorbos sin prisa mientras, ensimismado entre sus vapores y sensaciones gustativas, escuchaba a Paolo Nutini entonar en directo “A Man's a man for a' that”, seguido de Tara Kannangara y Colin Story versionando “Auld Lang Syne”. Da gusto ver que la gente joven homenajea algunas tradiciones. Brindo por ello.

 

 

lunes, 14 de noviembre de 2022

XXIX DEGUSTACIÓN

XXIX DEGUSTACIÓN

Nos acercamos a los treinta años de vida del Clan Pagüenzo y las degustaciones anuales se siguen sucediendo. Unas veces con más afluencia de participantes que otras, pero siempre con un amplio número de habituales. En el 2022 nos reunimos en uno de nuestros lugares clásicos: la casona de la familia Sánchez Yncera en Galizano. Prado recién segado, chimenea tirando sin titubeos y una gran mesa dispuesta, con dimensiones suficientes como para facilitar que todos (diecisiete esta vez) nos pudiéramos ver bien las caras durante la cena. Aquella casa es un escenario ideal para este tipo de celebraciones porque presenta un aspecto rústico y noble a la vez. Casi de aristocracia rural de las de antaño. Construida en épocas no especulativas, sus pasillos y su escalera principal ofrecen tal anchura que permiten tertulias espontáneas en mitad, o que te saludes con dignidad, “casi de lejos”, con quién te cruzas. Nada de tener que ceder el paso o arrinconarse para dejar pasar. Y el salón principal es tan amplio que recibe con generosidad a una multitud respetable.

Como viene siendo habitual en nuestras reuniones de degustación, la velada constó de cuatro “momentos” o fases. Tras los saludos de bienvenida y reencuentro, una vez todos allí, procedimos a degustar el primer whisky de la noche como aperitivo. Había cierta curiosidad ante aquel primer ejemplar, Tomatin Legacy, teniendo en cuenta que dicho whisky había sido galardonado como ¡mejor whisky del mundo en el año 2022!. La verdad es que tal galardón nos pareció merecido pues el Tomatin nos encantó a todos. Nos pareció excepcional. Rico, amable y suave. Todo ello sin perder interés de aromas ni sabores. En varias ocasiones el clan ha tenido la oportunidad de comparar sus veredictos con otros ajenos, o con algunos datos relativamente objetivos y, comportándose como un grupo absolutamente independiente, va demostrándose a sí mismo que tiene criterio para esto del whisky y que no se deja embaucar por valoraciones ajenas. En este caso, lo dicho: premio merecido, el whisky nos pareció una maravilla.


Después nos sentamos a cenar. Patatas con costilla, vitello tonato (cuya salsa fue notablemente apreciada), empanada, macedonia de frutas, “corte” helado de crocanti y café. Los quesos variados los dejamos listos para poder picar algo durante el resto de la noche, por cierto que uno de ellos, en cuestión quesera, triunfó casi tanto como el Tomatin entre los whiskys. Hubo vino tinto o blanco para acompañar la cena. Mucha animación y alternancia de conversación grupal con otras más reducidas por diferentes sectores de la gran mesa.

 

De sobremesa probamos el The Spice Tree (“nuevo”) de Compass Box. Está empresa se esmera en hacerse un hueco importante en el mundo del whisky selecto para entendidos. Hace muchas cosas bien. Algún día quizás escribamos algo sobre ella. Sus productos son interesantes y merecen la pena, aunque en nuestra opinión quedan por detrás de los mejores single malt habituales, sea cual sea el tipo de whisky buscado: suave, complejo, ahumado, etc. Este resultó interesante y no disgustó, su problema principal es que el Tomatin estaba demasiado reciente en el recuerdo de todos.

El “tercer acto” fue diferente esta vez. Se dio la circunstancia de que uno de los asistentes había conseguido un estuche del blended Royal Salute 21 años Signature Blend. Una especie de joya  conmemorativa (la botella lo es) que Chivas lanzó al mercado en 1953 para celebrar la coronación de la Reina de Inglaterra. Teniendo en cuenta que recientemente la monarca había fallecido después de un extraordinariamente prolongado reinado, decidimos representar una especie homenaje formal. Sonaron dos breves versiones de “God sabe the Queen” separadas por las veintiún salvas del “saludo real”. La primera clásica, la segunda interpretada “eléctricamente” por Queen. Inmediatamente después probamos el whisky, que no es precisamente barato, y que sirvió para confirmarnos, una vez más, que en el clan somos de maltas. El licor está cuidado y no dudamos del esmero puesto en su elaboración, la selección de sus porcentajes de mezcla y las prolongadas maduraciones integradas. Sin embargo, había algo en su degustación que no acababa de convencernos. Quizás nos pase un poco como a los escoceses con respecto a los ingleses. Los primeros son más de malta, mientras que los segundos de blended; a los del norte no les hace gracia la soberanía real ni inglesa, al contrario que a los del sur, quienes, por lo general, parecen orgullosos y devotos de ambas. No sé si algo tendrá que ver con todo esto, pero el estuche en cuestión me había llegado por mensajería unas semanas antes. Me lo dejaron a la puerta de casa en el jardín, afortunadamente muy bien embalado ¡Menos mal! Porque Macallan (uno de nuestros perros), quizás haciendo honor a su nombre, tan escocés y “maltista”, decidió echarle una meada al paquete. En nuestro caso, cerramos el capítulo real pinchando el “God save the Queen” de los Sex Pistols. Toda una irreverencia que, por otro lado, como recuerdo cultural del nacimiento del punk, también encajaba como una muestra más de la enorme cantidad de sucesos y cambios sociales vividos por Gran Bretaña y su entorno europeo a lo largo del reinado de Isabel II.

Abandonada la mesa durante el “Royal Salute”, acometimos el resto de la velada en disposición informal, con cambios de agrupamientos y compañía, tomando asiento en sofás y butacones rústicos alrededor de la gran chimenea. Llegaba el momento de abrir y servir el whisky más potente de la jornada. El nombre lo anticipaba: “The Peat Monster”. Una versión muy modificada con respecto al whisky del mismo nombre que probamos en 2011. Ahumado lo era ¡mucho!. Fuerte también. Pero elegante, redondo y/o cautivador no, o no tanto. Sin señalar, ni decir nombres, que está feo, anda bastante alejado del placer que nos proporciona nuestro ahumado favorito.


La gente acabó muy contenta con la fiesta. Un año más, y ya casi son tres décadas, disfrutamos de la reunión y de los whiskys elegidos. Las posibilidades no se agotan, muchas destilerías lanzan propuestas diferenciadas diversificando su producto. Algunas de ellas (no todas) muy acertadas. Empresas como Compass Box amplían la oferta mediante recetas mezcladas, más territorio por explorar. El entorno japonés, que tenemos muy olvidado, sigue creciendo, aunque sus precios no invitan a arriesgarse a probar productos que luego puedan no alcanzar la calidad de las destilerías escocesas consagradas. En cualquier caso, seguimos ahí, en la brecha, alzando los vasos para olfatear el whisky, admirar su brillo y color, y paladearlo con interés y disfrute.

Un logro simbólico que nos ha dejado esta degustación es que, en cifras oficiales, finalizada la misma ¡hemos alcanzado los 125 whiskys diferentes degustados! No está nada mal. Se dice pronto, pero alcanzar tal cifra lleva su tiempo y demuestra una sincera afición.